
Pienso que a veces la manera de contar una historia, es más importante que la historia misma…
Algo así aplica Alejandro González Iñárritu, director mexicano, en sus obras. Si examinamos con atención Amores Perros, 21 gramos y Babel, nos daremos cuenta de la marca personal de González Iñárritu: el hacer del espectador un detective, un ente activo que participe de la configuración del relato. En Babel, nosotros presentimos el peligro. Ya sabemos que los niños le dispararon a un bus lleno de turistas y que, de seguro, algo sucedió. Cuando se nos revela la escena en la que la pareja de americanos que también va viajando en un autobús, de alguna manera presentimos qué es lo que va a suceder.
Esta forma de contar las historias es relativamente nueva. Antes no se estilaba jugar con el tiempo y el espacio de un relato. De alguna manera se asimila mucho a la estructura de una página de Internet: se nos cuenta algo, pero no de una manera “lineal”, sino que los contenidos se entremezclan y configuran un elemento mucho más completo y entretenido. Por ejemplo, cuando Richard (Brad Pitt) llama a sus hijos que están en Estados Unidos. En ese momento uno piensa que no van a estar en casa porque están en manos de la policía o perdidos en el desierto. Ahí hay suspenso. No sabemos si algún policía le explicará a Richard lo que habíamos visto en las escenas anteriores, pero luego nos damos cuenta de que los niños sí están en casa y, también, recordamos que esa conversación ya la habíamos escuchado antes desde el otro lado del teléfono. El público pasa a ser más activo que pasivo, se hace preguntas, relaciona situaciones, trata de armar y entender la historia. El interés de la audiencia va también por ser participe y, de alguna manera, descubrir la historia. Es mejor que no se nos presente en bandeja, sino de a poco vaya dando pistas para ordenar el rompecabezas de historias y personajes que giran en torno a un accidente
Los tiempos y lugares de Babel van y vienen, es la persona la que tiene que construir el relato en su cabeza. Resulta como si hiciéramos clic en un link, para pasar a otro “subtema” (o “subhistoria” en el caso de la película) dentro de la gran estructura que es el filme. Siempre hay una relación entre las historias: Los que dispararon, los que recibieron el balazo, los hijos de los anteriores y los que le vendieron la escopeta a los primeros. Es un círculo interconectado, donde viajamos a diferentes relatos, para luego volver al “home”.
Algo así aplica Alejandro González Iñárritu, director mexicano, en sus obras. Si examinamos con atención Amores Perros, 21 gramos y Babel, nos daremos cuenta de la marca personal de González Iñárritu: el hacer del espectador un detective, un ente activo que participe de la configuración del relato. En Babel, nosotros presentimos el peligro. Ya sabemos que los niños le dispararon a un bus lleno de turistas y que, de seguro, algo sucedió. Cuando se nos revela la escena en la que la pareja de americanos que también va viajando en un autobús, de alguna manera presentimos qué es lo que va a suceder.
Esta forma de contar las historias es relativamente nueva. Antes no se estilaba jugar con el tiempo y el espacio de un relato. De alguna manera se asimila mucho a la estructura de una página de Internet: se nos cuenta algo, pero no de una manera “lineal”, sino que los contenidos se entremezclan y configuran un elemento mucho más completo y entretenido. Por ejemplo, cuando Richard (Brad Pitt) llama a sus hijos que están en Estados Unidos. En ese momento uno piensa que no van a estar en casa porque están en manos de la policía o perdidos en el desierto. Ahí hay suspenso. No sabemos si algún policía le explicará a Richard lo que habíamos visto en las escenas anteriores, pero luego nos damos cuenta de que los niños sí están en casa y, también, recordamos que esa conversación ya la habíamos escuchado antes desde el otro lado del teléfono. El público pasa a ser más activo que pasivo, se hace preguntas, relaciona situaciones, trata de armar y entender la historia. El interés de la audiencia va también por ser participe y, de alguna manera, descubrir la historia. Es mejor que no se nos presente en bandeja, sino de a poco vaya dando pistas para ordenar el rompecabezas de historias y personajes que giran en torno a un accidente
Los tiempos y lugares de Babel van y vienen, es la persona la que tiene que construir el relato en su cabeza. Resulta como si hiciéramos clic en un link, para pasar a otro “subtema” (o “subhistoria” en el caso de la película) dentro de la gran estructura que es el filme. Siempre hay una relación entre las historias: Los que dispararon, los que recibieron el balazo, los hijos de los anteriores y los que le vendieron la escopeta a los primeros. Es un círculo interconectado, donde viajamos a diferentes relatos, para luego volver al “home”.
1 comentario:
Hola amiga, como estas? Ahora yo tb tengo blog para la u!.. tuve que hacerlo por mi memoria.. asiq vine a dejarte un mje de blog!
besitos!! Pollito
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